Por. Psic. Nury Moguel
Realizar concentraciones previo a las competencias deportivas suele ser una estrategia común en el mundo del deporte, como una estrategia para prevenir que factores externos puedan afectar el rendimiento. Sin embargo, cuando se realizan concentraciones con niños y jóvenes, muchas veces se cometen errores que terminan causando el efecto contrario al que deseamos tener.
Es importante que, como entrenador, tenga presente que cuando trabajamos con niños y jóvenes, la falta de madurez propia de la edad será un factor que tengamos en contra, por lo que las concentraciones deportivas previas a competencias requerirán mayor planificación y supervisión de nuestra parte.
No tener una planificación adecuada del período de concentración.
Muchas veces las instituciones deportivas ven a los períodos de concentración como una forma de separar al niño de sus padres, evitando que estos generen una presión adicional y ésta interfiera con el resultado de la competición. Sin embargo, estos períodos constituyen momentos claves del rendimiento, debido a que es precisamente en ellos donde los jóvenes suelen autosabotearse sin saberlo, ya sea debido a que las emociones interfieren con la confianza y determinación o simplemente porque la imprudencia de la edad los lleva a caer en conductas disruptivas.
Para aprovechar al máximo este período, recomiendo que el equipo técnico defina con anticipación cuáles son los objetivos que pretenden alcanzar durante ese tiempo, enfocándose en puntos concretos que puedan trabajarse y que favorezcan los resultados al competir. Algunas opciones incluyen: reforzar la cooperación y buena comunicación entre los compañeros del equipo, reforzar la confianza a través de algunos ejercicios trabajados con el psicólogo del equipo (ya sea que esté él presente o no), monitorear el estado emocional de cada deportista y brindar contención con un pequeño ritual de calma (igualmente este punto pueden trabajarlo anticipadamente con el psicólogo del equipo para incluirlo en su rutina de precompetencia).
No implementar rutinas claras y predecibles durante la concentración.
Imagine lo que significa viajar a otra ciudad, con un equipo de niños y adolescentes que sienten la libertad de estar algunos días sin la supervisión de sus padres… literalmente algunos deportistas pueden convertirse en caballitos desbocados al no saber cómo autorregularse.
Implementar rutinas claras con un programa y horarios definidos, les ayudará a mantener su mente enfocada en los objetivos por los que han llegado a la competencia. En esta rutina conviene incluir horarios para despertar y dormir, tiempos de descanso, actividades permitidas y no permitidas para la recreación, horarios de comida e, idealmente, un programa de alimentos permitidos para ese período, elegidos con ayuda del nutriólogo del equipo. Este último punto puede parecer superficial pero le sorprenderá saber cuántas competencias se han perdido por una infección estomacal en un mal momento.
No supervisar adecuadamente la conducta de los deportistas durante el hospedaje.
Este es uno de los factores que suele generar mayor tensión entre los deportistas cuando viajan sin sus padres, especialmente en los más pequeños, quienes muchas veces reportan sentir miedo de que los mayores los arrastren en sus bromas, travesuras o novatadas. De manera general recomiendo trabajar al grupo de niños y adolescentes por separado (en dos grupos con profesores a cargo de cada uno), para evitar que los mayores expongan a los más pequeños a información inapropiada para su edad.
Por otro lado, es importante que siempre haya un adulto responsable y de confianza que actúe como «prefecto» o «chaperón» y que pueda hacer algunas rondas por las habitaciones para vigilar la disciplina y evitar incidentes. Es importante haber establecido un reglamento claro de conductas antes de salir de viaje, en donde se especifiquen las consecuencias que obtendrán en caso de romper las reglas. Y por favor hágame caso: aplique la consecuencia en cuanto la conducta ocurra, no importa quien sea, incluso si es su mejor deportista, un límite a tiempo le ahorrará muchas preocupaciones.
Limitar el contacto con padres de familia.
Separarse por completo de los padres por varios días puede ser una gran fuente de tensión para los deportistas más pequeños, e incluso los adolescentes llegan a sentir que necesitan algo de consejo de ellos en algunos momentos.
Los padres de familia pueden ser excelentes aliados cuando han sido adecuadamente educados sobre las formas en las que pueden aportar y se les permite involucrarse de formas positivas. Organizar la porra, coordinar la compra de alimentos e hidratación, servir de confort en momentos de frustración, entre otras funciones pueden ser desempeñadas eficientemente por los padres con un poco de orientación y algunas técnicas trabajadas con el psicólogo del equipo.
Adicionalmente, los padres pueden apoyarnos en el control de la conducta si, desde casa, mantienen conversaciones con sus hijos sobre las normas de disciplina y prudencia, especialmente en el caso de adolescentes, con quienes recomiendo tener previamente «la conversación» sobre temas delicados como el bullyng, el romance, la sexualidad y el poner límites a las influencias de los amigos.
Existen muchos otros puntos que seguramente podríamos incluir pero considero que éstos son los más importantes y seguramente a partir de ellos encontrarán el camino para delimitar y planificar su período de concentración para aprovecharlo al máximo.
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