Deporte infantil y juvenil

Mi hijo es deportista ¿Cuándo es momento de visitar al psicólogo deportivo?

Por: Mtra. Nury Moguel Núñez.

Psicóloga Deportiva.

Cuando atiendo por primera vez a los padres de mis deportistas, ya sea vía telefónica, en persona o por mensaje de texto, una de las preguntas que siempre me ha sorprendido por su frecuencia como por su singularidad es la siguiente: “¿Cree usted que mi hijo deba venir a tomar una consulta de psicología deportiva?”

Para ser completamente honesta (aún a riesgo de que algunos colegas se enojen conmigo por lo que voy a contestar), lo cierto es que NO todos los niños están en condición de beneficiarse de las herramientas de la psicología deportiva y NO todos los niños lo necesitan, o por lo menos no en ese momento. Esto es algo que abiertamente platico con ellos y, para mi extrañeza, parecen algo decepcionados de mi respuesta, pero ¿A qué me refiero realmente?

Bien, lo primero que hay que entender es que, a diferencia del deportista adulto, el deportista infantil y juvenil aún se encuentra en crecimiento. Su cuerpo y su mente están pasando por diversas etapas de desarrollo y este proceso no se detendrá hasta alcanzar la madurez, alrededor de los 22 a 24 años (a veces un poco más). Por lo tanto, para el profesional de la psicología deportiva es importante distinguir cuándo aquello que el niño o adolescente está presentando en su deporte requiere de su intervención o constituye solamente una expresión natural de su edad.

Por otro lado, cuando digo que “NO todos los niños se beneficiarían de ello” me refiero a que, a menudo, los padres me contactan en etapas muy tempranas de la experiencia deportiva, cuando los niños aún están explorando su deporte (tal vez aún sin saber si realmente desean continuar en él), y lo hacen con la mejor intensión, pensando que de ésta manera el crecimiento del niño será aún más acelerado. Sin embargo, cabe señalar que cada etapa de la exploración en el deporte juega un papel importante para el niño. Así, los primeros meses, cuando aún está explorando un nuevo deporte y familiarizándose con su entrenador, constituye un momento vital para que el niño se enamore de la actividad, un momento para jugar, explorar, cometer errores, socializar y crear las bases de la motivación intrínseca que le permitirán desarrollar eso que llamamos “pasión” y afrontar las exigencias que más adelante traerá el deporte orientado a la competencia. Es así que, en esos momentos, es muy raro que recomiende una intervención.

Pero entonces ¿Cómo saber si es momento o no de hacer una visita al psicólogo deportivo? Para facilitar su decisión, he elaborado una lista de los momentos comunes en los cuáles, la mayoría de mis deportistas, me visitan por primera vez:

  1. Cuando todos le dicen que “es muy talentoso” pero por alguna razón no ha logrado alcanzar los resultados que desea. En este caso el objetivo de la consulta estaría enfocado en determinar si existe un factor mental o emocional que esté obstaculizando el crecimiento, para poder trabajar en ello.
  2. Cuando desea mejorar las marcas o resultados que ha obtenido, pero le está costando mucho brincar ese paso. Al igual que en punto anterior, la labor del psicólogo deportivo es determinar si la causa del estancamiento es de carácter mental, emocional o conductual.
  3. Cuando la frustración se ha convertido en sufrimiento porque algún entrenador le dijo “que nunca tendría éxito en ese deporte”. En este caso el rol del psicólogo tendrá dos objetivos principales: contener el sufrimiento emocional y explorar el perfil psicológico del deportista, ya que en muchas ocasiones la razón por la cual puede estar detenido en su crecimiento es debido a factores entrenables como la concentración, el manejo del estrés, fortalecer la tolerancia a la frustración o enseñar al deportista a mantener una motivación constante.
  4. Cuando la autoconfianza ha disminuido luego de una mala temporada o una racha de partidos / competencias fallidas. A menudo los entrenadores subestiman hasta qué grado puede afectar al niño o joven deportista una mala temporada; pero recordemos que sus habilidades socio-emocionales aún están en crecimiento y una racha de fracasos repetidos puede golpear severamente el autoconcepto y autoestima del deportista, provocando un círculo vicioso del cual resulta cada vez más difícil salir.
  5. Cuando presenta un muy buen desempeño en entrenamientos, pero en las competencias el nivel de estrés lo rebasa. Es algo muy común, en realidad, debido a que cada deportista tiene un temperamento natural que puede beneficiarse o verse afectado como consecuencia de la presión. Hasta un 20% de los niños pueden presentar hiper-reactividad (no confundir con el síndrome de TDAH), es decir, reaccionan de manera intensa a todo tipo de estímulos, físicos y psicológicos por lo se pueden frustrar con intensidad, estresar con intensidad y sentirse fácilmente agotados por factores emocionales. Sin embargo, la mayoría reacciona muy bien al entrenamiento mental y entonces podemos ver realmente su potencial para el deporte.
  6. Luego de una lesión importante que lo aleja del entrenamiento más de dos semanas. Una lesión importante como una fractura que requiere de un yeso o una cirugía puede ser realmente impactante (más para un niño/jovencito), por lo que es común que al reintegrarse lo veamos reservarse por miedo a lesionarse nuevamente. Además, el tiempo lejos del entrenamiento reduce las capacidades físicas provocando que su desempeño no sea el de siempre y la frustración aparezca. Si no se trabaja adecuadamente, la depresión y el deseo de abandonar son comunes.
  7. Cuando el deportista empieza a considerar abandonar el deporte. Esto es bastante común en dos momentos: en la adolescencia (cuando nuevos intereses aparecen y distraen al deportista), cuando aparece el burnout (común en deportistas que entrenan desde muy pequeños) y al ingresar a la preparatoria o universidad. El verdadero problema no es que el niño abandone el deporte sino que abandone cuando no esté listo para hacerlo. Cuando se abandona prematuramente, el jovencito toma un descanso en el cual suele estar tranquilo pero, con el tiempo, el deseo de regresar aparece mostrando una cruel verdad: el cuerpo ya no responde, ya no rinde, por lo que la frustración, la culpa y la depresión aparecen naturalmente. El rol del psicólogo deportivo será ayudarlo a analizar si la decisión es final o si solo necesitar hacer espacio en su vida para integrar nuevas necesidades.

Existen un sinfín de situaciones que los padres e hijos pueden estar atravesando, por lo que a veces puede no ser tan fácil distinguir si es el momento de llamar al psicólogo o no. Ante esa duda, mi mejor recomendación es que realice una llamada y plantee su situación o solicite una asesoría para hablar ampliamente de lo que le preocupa como padre. Así podrá sentirse completamente seguro de que es el mejor momento para su hijo y tener la tranquilidad de haber tomado la mejor decisión para ambos. Por mi parte, le atenderé con todo gusto y con la certeza de que, si su hijo no lo necesita o no lo necesita en este momento, sin duda se lo haré saber.

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