Deporte infantil y juvenil

Hipermasculinidad en el deporte infantil y juvenil.

Psic. Nury Moguel Núñez.

“Los hombres no lloran”, “Pega como hombre”, “¡No seas marica!”… ¿Cuántas veces hemos escuchado estas horribles expresiones en el deporte?

La hipermasculinidad consiste en la exaltación de los rasgos estereotipadamente considerados como masculinos, como símbolo de jerarquía social y reflejando con ello una valoración positiva de ellos. Si bien es cierto que el deporte, en muchos momentos históricos ha sido practicado como agente socializador de los varones, es decir, como una actividad que permitía a los padres convivir con sus hijos varones, lo cierto es que en el mundo actual los hombres tienen más oportunidades de convivir con sus hijos en una diversidad de actividades y ambientes.

Sin embargo, en algunas ocasiones tanto los entrenadores como los padres pueden llegar a tomar demasiado en serio su rol como agentes socializadores y presionan a los niños a encajar en un papel “masculino” en extremo estereotipado y, por consecuencia, negativo. Algunos ejemplos de hipermasculinidad en el deporte infantil y juvenil son:

  • Someter a los niños a pruebas físicas dolorosas para probar su valor u “hombría”.
  • Hablarles de manera hiriente, ofensiva o con insultos para “hacerlos más fuertes” o porque “son cosas de varones”.
  • Incentivarlos a jugar de manera exageradamente agresiva, incluso si esto pone a sus compañeros u oponentes en riesgo de ser lesionados.
  • Tomar como criterio de valoración para la inclusión en el equipo el tamaño de sus músculos o lo marcados de sus abdominales.
  • Realizar insinuaciones sobre la identidad de género o preferencia sexual de aquellos niños o jóvenes que no aceptan comportarse de formas estereotipadamente hipermasculinas.
  • Utilizar palabras como “maricón” para ofenderlos cuando están cansados o expresan su miedo.
  • Obligar al hijo a practicar un deporte de contacto (cuando él no lo desea) solo por ser “de hombres” o “para que se haga hombrecito”.

Lo curioso es que, cuando el niño ha sido apropiadamente socializado, fácilmente reconoce que estos patrones son exagerados, negativos e incluso incómodos para él; sin embargo, se llegan a sentir incómodos o incluso presionados a tratar de aceptar estas prácticas con tal de ser aceptados y vistos de manera positiva. “¿Realmente necesito entrar con tal fuerza que lesione a mi compañero?… ¿No puedo simplemente ir por el toque?” me comentaba un jovencito en medio de una sesión. A pesar de ser algo considerado como “de hombres”, a menudo los jóvenes se cansan también de tener que hablar con insultos todo el tiempo, de que se hable de sus compañeras de manera sexuada o que sus compañeros insistan en mostrar sus cuerpos en las duchas y tratar de ver el suyo para probar su valor (si, para los chicos también es invasivo que miren sus cuerpos… ¿Para quién no lo es?).

La hipermasculinidad en el deporte infantil y juvenil resulta altamente tóxica porque interfiere en el sano desarrollo de la personalidad, la adaptación social y el desarrollo de la inteligencia emocional. Cuando transmitimos al niño mensajes como éstos impedimos que se relacionen con sus compañeros de manera saludable y los presionamos a convertirse en seres en constante negación de su derecho a ser sensibles, vulnerables al estrés o el miedo  y por lo tanto, incapaces de saber cómo afrontar sus experiencias emocionales porque, incluso, no son capaces de entender qué es lo que pasa dentro de ellos.

La hipermasculinidad en el deporte es lo que provoca que elevemos el auto-sacrificio de los deportistas al grado de heroísmo cada vez que ignoran la severidad de una lesión para seguir competiendo o incluso, arriesgan su vida en medio de un golpe de calor con tal de obtener la medalla, como un símbolo más de que son “lo suficientemente hombres”, merecedores del derecho de que se reconozca su género.

La hipermasculinización también lleva a muchos padres de familia a sentir que el éxito o fracasos de sus hijos e hijas es un reflejo de su calidad como padre, reflejo proyectado de sus cualidades, logros, como si sus genes tuvieran igualmente la necesidad de validarse. En un esfuerzo por afianzar esos logros, muchos padres terminan dañando la relación con sus hijos e hijas al confundir su rol paterno (p. ej. apoyar, motivar, consolar, etc.) con el rol de entrenador (p. ej. exigir, presionar al éxito, resaltar los errores, etc.). La hipermasculinidad en el deporte afecta a todo el núcleo familiar, pues los niños terminan sufriendo el exceso de presión tanto en casa como en el campo, las madres de familia a menudo sufren por tener que mediar entre sus esposos y sus hijos, mientras que los padres acaban sintiéndose solos y confundidos al no saber cómo comportarse en el núcleo familiar sin generar conflicto. Y si, también algunos matrimonios se han separado en ese proceso.

Afortunadamente, también veo a padres de familia que han tomado la valiosa decisión de hacer cambios en su forma de pensar, sentir y actuar, en pro de mantener la estabilidad del núcleo familiar y de convertirse en mejores padres para sus hijos, padres que les permitan vivir y expresarse con libertad, disfrutar de su vida y del deporte sin sentir que necesitan encajar en un molde que, ya no está vigente en nuestra sociedad. Finalmente, y como siempre digo a mis pacientes: ¿Qué es lo más importante?…

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